Aprender a leer

La literatura es una arte para el que saber leer y escribir es como para un pintor coger el pincel o para un músico colocarse el violín sobre el hombro. Es lo básico, lo esencial, pero no supone nada.

La literatura exige un aprendizaje para poder desarrollarla, al igual que sucede con el resto de las artes. Esto parece una obviedad, pero muchas personas, de forma muy respetable, no tienen esto en cuenta. No obstante, una persona se convierte en escritor leyendo, escribiendo y viviendo, pero, en cualquier caso, el esfuerzo siempre interviene. El escritor “se hace”, siempre que nos atrevamos a descartar el desagradable clasismo de los artistas que se sienten o que son considerados como elegidos de los dioses. Yo personlamente lo descarto. El esfuerzo es necesario e imprescindible.

Aprender a leer literariamente es algo muy interesante, una experiencia personal única en la vida y un hábito del que, una vez adquirido, es imposible desprenderse. Se puede leer por diversión, por las sensaciones que despierta una trama, para relajarse…o leer literariamente, lo cual puede englobar todo lo anterior y más aspectos que conforman un todo.

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El arco iris, D.H. Lawrence

Recuerdo la primera vez que traté de leer Mujeres enamoradas de D.H. Lawrence. Yo, por supuesto, comprendía todas las palabras, visualizaba todo lo que cada página me proponía. pero, en el fondo, no lo lograba entender. La estructura del relato, la intensidad exacerbada de las emociones con ese salvajismo primario. No entendía las pretensiones, los códigos, el sentido global. Miraba un Rothko apreciando rectángulos de colores. Dejé el libro. Pasó el tiempo y me aficioné mucho a Virginia Woolf, a Forster, empecé a leer estudios sobre el modernismo inglés y a comprender las turbulencias sociales de la primera mitad del siglo XX en Inglaterra y en Europa. Descubrí que Mujeres enmoradas tenía una primera parte, El arco iris. Entregado como estaba al modernismo inglés, me aventuré de nuevo en el mundo de D.H. Lawrence. El arco iris me pareció una obra extraordinaria, viva, pasional, intensa, perfectamente construida; un fascinante relato sobre las pasiones íntimas, sobre las verdades sobre nosotros mismos que no nos atrevemos a reconocer. Después, en un segundo intento, logré comprender, por fin, Mujeres enamoradas.

El arte vive de su tiempo, de sus códigos. La literatura es más que una historia mejor o peor contada y más o menos entretenida. Por eso, la historia de la literatura es necesaria, los libros acedémicos ayudan, porque facilitan una buena lectura.

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Gernica, Pablo Picasso. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. España.

Por supuesto, no solo basta el conocimiento técnico. Como en todo arte, el espectador-lector-sujeto de una experiencia, debe ser proactivo. Porque el arte en el fondo consiste en eso, en tener una experiencia. El lector debe preguntarle a la obra de arte, debe exigirle su sentido o su satisfacción o lo que pueda necesitar de ella. En este caso entra en juego la imaginación, los gustos personales, los anhelos, las vivencias. Quizá, al observar el Gernica de Picasso en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía un español vea un referente cultural propio, un norteamericano lo revista con la imagen mítica de España que haya podido adquirir, y todos le dan su sentido personal, dotan a la obra de un valor propio. Esto también es importante. Necesario. Los ingleses parecen leer a Shakespeare como si hablara de ellos mismos. Cuando léi Walden de Thoreau, admiré la entrega a la naturaleza, sentí la paz de la soledad, el retorno a lo primitivo y a lo más humano. Todo eso fue válido para mí.

En la novela contemporánea, esta segunda dimensión de la lectura, al no existir perspectiva histórica, es más importante.

Después existen otros factores: la utilización extraordinaria de recursos técnicos – La colmena de Cela, Luz de agosto de Faulkner -; la belleza del lenguaje y el ritmo que se utiliza – Sonata de otoño de Valle-Inclán, El jardín de los Finzi-Contini, de Bassani -; las emociones que se muestran…

Leer es algo más que el sentido de las palabras. Leer es algo más que leer. El lector auténtico tiene que atreverse a leer. Hay que aprender a hacerlo. Y conseguirlo.

Nota: Imagen destacada, Sin título (Naranja, ciruela y amarillo), Mark Rothko. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. España

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