Concurso literario Ángel Ganivet. La lengua y la literatura como vínculo de unión.

Os presentamos el Concurso Literario Ángel Ganivet, un galardón muy especial en el que hasta el 15 de julio es posible participar en la edición de 2018. Más información aquí: https://angel-ganivet.blogspot.com/

Ángel Ganivet (Granada, 1865 – Riga, 1898) es uno de los grandes intelectuales españoles del siglo XIX. Cultivó la novela, el ensayo y el teatro y además de pertenecer al Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos, que le llevó a trabajar en la Biblioteca del Ministerio de Fomento, fue también Vicecónsul de España en Ámberes y Cónsul de España en Helsinki y Riga.

Entre sus obras destacan, entre otras, Granada la bella, Idearium español, Hombres del norte y Cartas finlandesas. Esta última obra es una crónica del modo de vida de los finlandeses del siglo XIX que se constituye en la actualidad como un documento histórico, sociológico y literario de primer nivel.

El Concurso Literario Ángel Ganivet, convocado desde Finlandia, rinde homenaje a su obra y a su figura, mostrando que el vínculo entre el autor español y el país nórdico pervive más de cien años después y pese a que permaneció allí poco más de dos años.

Desde Bicidue Revista Literaria nos hemos puesto en contacto con Salomé Guadalupe Ingelmo, coordinadora del Concurso Literario Ángel Ganivet para saber más sobre este concurso literario tan singular y con tanto valor simbólico. Al conversar con ella, descubrimos que el premio va mucho más allá de la figura de Ángel Ganivet y su relación con Finlandia. Entre otros muchos aspectos que descubrimos a lo largo de nuestra conversación, este concurso es una muestra del valor de la comunicación, de los idiomas como vínculo y puente entre sociedades y culturas: “Desde el Concurso Literario Ángel Ganivet llevamos ya doce años impulsando la literatura en lengua hispana y procurando promocionar a poetas y autores de narrativa breve que, con sus obras, la mantienen viva y enriquecen día a día. Esta labor ha sido reconocida, entre otros, por instituciones dedicadas al estudio y conservación de nuestra lengua, como el prestigioso Instituto Cervantes, que nos ha vinculado a la sección “Oficina del hispanista”, donde se ofrece información relativa a la difusión de las culturas hispánicas. La lengua constituye uno de los principales bienes de un individuo. Debemos recordar que, por ejemplo, la constitución española ‒título preliminar, artículo 3‒ reconoce el derecho de todos los españoles a usar la lengua que tienen en común e incluso impone el deber de conocerla. Todos merecemos que se nos reconozca el derecho a mantener nuestra propia lengua materna, lo que supone conservar nuestra cultura de origen. El gobierno finlandés ha sabido comprender en qué consiste ese derecho fundamental, convirtiéndolo en una prioridad. No tenemos palabras para agradecer el apoyo que esa causa ha podido recabar de él a través de su Ministerio de Educación y Cultura y de la Universidad de Helsinki. La predisposición de la administración finesa por defender el derecho de los ciudadanos a mantener su propia lengua de origen se ajusta, sin duda, a una especial sensibilidad a la hora de entender la cultura. Y es signo también de tolerancia. De hecho, en una sociedad con tradiciones locales muy marcadas y extremadamente arraigadas como es la finlandesa, resulta significativa y digna de resaltar la presencia de reputados representantes de distintos estamentos del mundo cultural finés en el acto de entrega de nuestros premios durante los once años que el evento se ha celebrado en Helsinki, así como la participación de representantes del ámbito académico finlandés en la selección de las obras y en los criterios de valoración del contenido literario de las mismas. Todo ello pone de manifiesto no sólo la expectación que existe alrededor de este certamen, sino también y mucho más importante, el interés que despierta el español en Finlandia. Los gobiernos de los países hispanohablantes cuyos ciudadanos participan en este concurso a menudo se han involucrado también en la promoción de nuestra iniciativa, especialmente a través de sus embajadas, que suelen llevar a cabo una intensa labor de difusión de nuestras bases, por lo que cuentan con todo nuestro reconocimiento. Además tenemos mucho que agradecer a otros organismos e instituciones: universidades, centros de formación de profesorado, bibliotecas, medios de comunicación y tantas iniciativas privadas que nos muestran su simpatía cada año y cuyos esfuerzos resultan esenciales para difundir nuestras noticias.”

Angel Ganivet_Entrega Premios 2017-7
Entrega de premios de la edición del año 2017 del Concurso Literario Ángel Ganivet

 

Este valor de la comunicación, de los idiomas como vínculo, tiene especial importancia cuando el idioma es el español, uno de los más hablados del mundo. Así nos lo destaca Salomé: “Nuestra lengua es una de las más usadas en el mundo; merece que la respetemos y protejamos. Creo que el que este concurso naciese en Finlandia da buena idea de hasta qué punto nuestro idioma está extendido ‒si cabe, cada día más‒ en todo el globo. Al respecto hay que recordar que nuestro concurso está abierto no solamente a participantes cuya lengua materna sea el español, sino también a cualquier persona de cualquier nacionalidad con la única condición de que la obra que presente haya sido redactada en dicha lengua. De hecho, entre nuestros concursantes, hemos podido constatar la presencia de un cierto número de extranjeros que a menudo gozan de una altísima competencia lingüística, envidiable incluso para muchos hablantes cuya lengua materna sí es el español.Esto, interpretamos con regocijo, viene a confirmar el creciente peso del español como lengua estudiada en el extranjero. Recordemos que el nuestro, que es el segundo idioma del mundo ‒tras el chino mandarín‒ con más hablantes que lo dominan como lengua materna, el tercero más hablado ‒tras el mandarín y el inglés‒ y también el tercero más usado ‒tras el inglés y francés‒ en la comunicación internacional, se consolida, según los datos del Instituto Cervantes, como la tercera lengua ‒tras el inglés y el francés‒ más estudiada en el mundo. Recientemente ha sido posible constatar que se ha convertido en la segunda más estudiada en los centros de enseñanza primaria y secundaria de países como Francia, Suecia y Gran Bretaña.”

Hablamos de comunicación, de hermanamiento a través de una lengua compartida, y alrededor de una figura, Ángel Ganivet. Es muy hermoso el concepto de este concurso. Desde Finlandia se convoca a las personas que utilizan el español en todo el mundo a compartir una obra literaria para rendir memoria a un autor cuya vida transcurrió durante un tiempo en un país que no era el suyo y al que rindió a su vez homenaje en su propia obra. Salomé nos habla un poco más del autor, quien es posible que no hubiese podido imaginar en vida que sus días en Helsinki iban, de algún modo, a perdurar para siempre: “Nuestro evento honra la memoria de un autor como Ángel Ganivet, revalorizado en España en los últimos años ‒también gracias a la digitalización de sus obras por la Biblioteca Virtual de Andalucía, dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía‒ y hoy en día considerado precursor esencial de la Generación del 98, pero durante bastante tiempo ‒al menos por lo que respecta al gran público‒ casi relegado al olvido, no resulta fortuito. Como es natural, habiendo vivido el intelectual granadino en Finlandia, la elección parecía evidente. Ganivet llega a Helsinki en 1886, tras pasar cuatro años como vicecónsul en Amberes, donde ya había comenzado a ampliar su formación mediante el estudio de otras lenguas y también había empezado a aproximarse a la literatura. En realidad, durante los dos años largos que pasó en Finlandia como cónsul, produjo la mayor parte de su obra literaria. Así que, obviamente, Finlandia se convirtió en un lugar importante para el autor. De hecho, el panorama político del país le hizo reflexionar mucho también sobre la situación de España, y allí comprendió, por ejemplo, según él mismo cuenta, que hombres y mujeres podían ser amigos sin que el afecto fraternal acabase convertido en atracción sensual. Creo que, para él, Finlandia supuso una determinante experiencia vital y en muchos sentidos abrió su mente, como siempre sucede a quienes viven lejos de la patria y son permeables a las culturas que los acogen. Todo eso enriquece a un ser humano y, consecuentemente, al artista que lo habita. Este hombre del sur no sólo supo adaptarse a las tierras fría del norte, sino que incluso se atrevió a escribir sobre su idiosincrasia. Durante la estancia de Ganivet en Helsinki, le surge la idea de intentar describirles a sus amigos aquel lugar y de ahí nacen las Cartas finlandesas, que se publicaron en el periódico El defensor de Granada en 1896-98 y fueron finalmente recopiladas en un libro. En esas epístolas, Ganivet habla sobre muchos aspectos de la vida cotidiana en Finlandia que llaman su atención, como la educación y costumbres. En cierto modo, así intentaba aproximar las dos culturas, actuar como intérprete entre ambas. Claramente, Ganivet se revela un humanista, alguien interesado en escuchar y comprender a sus semejantes. Diría que su actitud se puede considerar ejemplo paradigmático de la curiosidad y capacidad de observación que distingue a los buenos escritores. Además, al tiempo que un individuo cosmopolita, se muestra visionario y muy crítico. Nosotros creemos compartir con él algunas de sus mejores cualidades.”

Angel Ganivet- Alejandro Cabeza 2018
Retrato de Ángel Ganivet, por Alejandro Cabeza

 

Llegados a este punto, nos preguntamos cómo surge este premio con este trasfondo tan especial: Como nuestros más asiduos participantes saben bien, este certamen nació en ámbito académico, bajo el auspicio de la Universidad de Helsinki. El primer impulso al proyecto lo dio Timo Riiho, reputado hispanista ‒considerado en Finlandia uno de los máximos referentes por lo que respecta a Iberoamérica y España‒, Catedrático de Lenguas Iberorrománicas en la Universidad de Helsinki desde 1981, director en el pasado del Instituto Finlandés en Madrid y después del Instituto Iberoamericano de Finlandia, Académico correspondiente extranjero de la Real Academia Española y jurado de honor de nuestro certamen, pues ha sido un miembro activo de este evento desde su mismo comienzo. En realidad, el objetivo inicial era facilitar que los hispanohablantes residentes en Finlandia conservasen su lengua. Nacimos, por tanto, con aspiraciones modestas. Sucede, sin embargo, que pronto advertimos una masiva afluencia de participantes de todo el mundo, y constatamos con estupor que las cifras aumentaban a un ritmo inesperado de año en año. Ese modesto objetivo inicial, dadas las circunstancias, se amplió en breve. Progresivamente nuestra prioridad pasó a ser la promoción de la literatura en lengua hispana de la mayor calidad, tanto en poesía como en narrativa breve. Paralelamente, comprendimos que habíamos de constituir un comité organizador de sólida formación en el ámbito literario y capaz de afrontar el enorme trabajo que se nos venía encima con compromiso y entusiasmo.            Nuestro certamen ha demostrado a lo largo de más de una década que la lengua ‒en concreto la lengua hispana‒, vehículo de expresión de ideas y sentimientos, puede aspirar a convertirse en puente tendido entre comunidades, fomentando la tolerancia. Ya hace años que venimos recibiendo, tanto en la modalidad de prosa como en la de poesía, una media de 1500 obras anuales provenientes de entre 40 y 45 países que a menudo representan los cinco continentes. Naturalmente, eso supone un volumen de trabajo nada desdeñable.”

Fieles al humanismo de Ganivet, este concurso también se sustenta en unos valores concretos en lo concerniente a su relación con sus participantes, los cuales hacen que sea todavía más especial: “Nunca he querido que nuestros concursantes se convirtiesen en meras cifras. Siendo yo escritora y conociendo bien las angustias y penalidades que en la sociedad actual acechan a artistas de todas las disciplinas en general, siempre he considerado prioritario el imprimir una huella especialmente humana a este certamen. Por encima de todo, me preocupa que nuestros concursantes, cada uno de ellos con su personal e irrepetible voz, aunque son tantos, reciban la atención que merecen: que sean leídos con interés por alguien que de verdad se esfuerza en comprenderlos. Creo que eso es lo que realmente busca un autor. Y lo que en realidad debería merecer cualquier ser humano. Mi mayor aspiración ha consistido en poderles asegurar a nuestros participantes un jurado competente, muy formado y de notorio juicio crítico. Porque, en efecto, en los últimos años los concursos literarios han proliferado quizá a la ligera, y no siempre se ofrecen estas condiciones. Yo quería que nuestros concursantes pudiesen estar seguros de que sus obras siempre serían leídas cuidadosamente, analizadas con atención y respeto. En definitiva, que jamás se verían sometidas a una selección superficial o incluso aleatoria. Para asegurarme de ello, el certamen debía quedar en manos de un jurado muy especializado. Por eso siempre he procurado rodearme de colaboradores brillantes y experimentados, distribuidos, además, por diversos países de lengua hispana, de tal forma que también las variedades dialectales y sensibilidades locales tengan cabida entre nosotros. Me siento muy honrada de haber podido trabajar en estrecha colaboración con enormes profesionales de diversas nacionalidades que ‒nunca podré agradecerlo suficientemente‒ siempre han respondido a mi llamada y han dado lo mejor de ellos mismos en cada momento. Algunos son docentes e investigadores del hecho literario y otros aúnan a esa faceta la de narrador o poeta, mientras unos pocos se dedican “únicamente” a escribir. Hay diversos perfiles, como son variados los perfiles de nuestros participantes, premiados o no: profesores universitarios o de otros niveles docentes, académicos de la lengua, escritores primerizos y autores con amplia experiencia… Por razones obvias ‒pues nos preciamos de ser muy escrupulosos y discretos con todas las prácticas que garantizan la ecuanimidad más absoluta a lo largo del procedimiento‒, sus identidades permanecen en el anonimato hasta que el jurado ha alcanzado un veredicto. No obstante, cada año hacemos pública en nuestra Web una breve semblanza de sus carreras una vez que el acta de fallo es del dominio público y por tanto se conocen los nombres de los jurados de la edición en curso. Yo permanezco siempre con los ojos bien abiertos. Cada vez que llama mi atención una figura por su trayectoria profesional o su talento, personas que creo pueden aportar mucho a nuestro concurso por su formación, juicio crítico y sensibilidad, convirtiéndose en elementos valiosos para nuestros participantes, yo lanzo la caña para intentar integrarlos en nuestro jurado, siempre en permanente evolución y crecimiento. Para nosotros es muy importante que nuestro jurado esté bien provisto no sólo de grandes cerebros, sino también de generosas emociones. Hasta el momento todos nuestros jurados se han revelado enormes seres humanos, y creo que ello ha marcado la diferencia; que ha resultado fundamental para ganarnos la simpatía y confianza de tantos escritores, muchos de los cuales son asiduos participantes.”

Le preguntamos a Salomé por algunos de los participantes que puedan destacarse, o por los que guarda algún recuerdo especial. Con su respuesta, Salomé nos describe el perfil de muchos de los concursantes, exponiendo un panorama amplio y rico, en el que destaca la especial atención de la coordinadora de este premio por los concursantes, algo que debe ser elogiado:Sería poco elegante que diese nombres concretos, porque además para nosotros todos nuestros premiados ‒en realidad todos nuestros concursantes‒ cuentan por igual, ya sean sus carreras literarias largas o incipientes. No obstante, es cierto que recuerdo bien a cada uno de ellos, y desde la distancia sigo sus logros y los celebro. Hemos premiado a escritores noveles y también a escritores con sólidas reputaciones bien merecidas e importantes reconocimientos públicos desde hace años. Pienso, por ejemplo, siempre sin dar nombres, en el que muchos consideramos uno de los más elegantes autores de microficción española, que también es un excelente autor de relatos, como demostró una vez más en nuestro certamen. Recuerdo también una autora argentina de amplia trayectoria que, tras ganar nuestro concurso, inició su particular conquista de Europa. Hay, en fin, multitud de casos. Cada uno único y especial. Hay muchos docentes de literatura que escriben prosa o poesía. Hay escritores de profesión y profesionales de otros ámbitos que son, además, excelentes escritores. Hay escritores muy jóvenes y ya prometedores, y otros de avanzada edad aunque aún llenos de entusiasmo por la profesión. No pocas veces, hay autores muy prolíficos y de indiscutibles méritos, aunque inéditos en buena medida, igual que Pessoa ‒cuya monumental obra se publicó esencialmente tras su muerte‒ o Emily Dickinson ‒que en vida publicó apenas una docena de poemas de los casi 1800 que se descubrieron tras su desaparición‒. Nosotros queremos colaborar para que el talento literario no se pierda y pueda ser disfrutado por todos. En definitiva, lo determinante para nosotros no es el currículo de nuestros participantes, sino su valía y su capacidad para trabajar, muchas veces en las peores circunstancias, con enorme abnegación y tesón, con verdadero amor por esta disciplina. Buscamos, huyendo de convencionalismos artificiosos o estereotipos a menudo ridículos ‒que por otro lado, como cualquier escritor que realmente tenga una amplia experiencia sabe, suelen alejarse totalmente de la realidad‒, premiar la buena literatura, la literatura excepcional me atrevería a decir, sin prejuicios ni estrechos cánones establecidos, sin tabúes contra género o argumento alguno, sin ideas preconcebidas que impongan un juicio reductivo.”

Antología Portada 2017

Es muy interesante también de este concurso la labor editorial que genera, con la publicación y difusión de una antología, de la que nos habla con más detalle Salomé: “Nuestra vocación consiste en dar aliento a los autores y servir de escaparate al talento, que no siempre recibe el reconocimiento merecido. Bajo ese prisma cobra especial sentido no sólo la antología anual de textos premiados, que cuidamos mucho en todas sus facetas, incluida la estética, sino también el retrato al óleo con el que recompensamos al ganador del certamen, obra del reputado artista español Alejandro Cabeza, así como nuestro empeño por dar visibilidad a todos los galardonados en diversos medios. Por el mismo motivo, también nos encargamos de que las antologías lleguen a numerosos críticos, estudiosos del fenómeno literario, editores, universidades, bibliotecas y otros escritores. Pues son muchísimos nuestros contactos en estos ámbitos, personas amantes de la literatura que a menudo, de una u otra forma, han hecho de ella su profesión. Dado que no albergamos afán alguno de lucro y nuestra única intención es poner nuestro trabajo al servicio de otros escritores, las antologías pueden leerse y descargarse en diversos formatos desde nuestra propia Web. Naturalmente, como parte del premio, nosotros tampoco escatimamos esfuerzos en la promoción de esos libros digitales, de tal forma que la valía de nuestros premiados se haga visible. Yo soy la única responsable de toda la labor editorial relativa a la antología anual. Me encargo personalmente de la redacción del prólogo y aparato crítico sobre el texto ganador. También el diseño de portada y contraportada es obra mía. Por cuanto atañe a la tarea de corrección, trabajo en permanente comunicación con los autores. Procuro ser muy respetuosa con sus elecciones, pero al tiempo no dudo en proponer cualquier sugerencia que pueda ofrecer una mejoría al resultado final, ya sea respecto a la puntuación o el léxico. Creo que, en realidad, esa labor de asesoramiento también forma parte del premio. Sinceramente, y aunque pueda sonar feo que lo diga yo, a partir de mi experiencia, creo estar en condiciones de afirmar sin temor a equivocarme que muy pocos concursos, y menos aún concursos tan concurridos como el nuestro, pueden presumir de tomarse tan en serio a cada participante. Y es exactamente lo que ellos merecen.”

Alejandro Cabeza con su busto
El artista Alejandro Cabeza junto a un busto

 

Más allá de esta importante antología y de la forma en la que se edita, el Concurso Literario Ángel Ganivet entrega a su ganador un premio muy especial que despertó nuestra curiosidad: un retrato del propio galardonado. Salomé nos habla de las razones de este retrato, del autor del mismo, el artista Alejandro Cabeza, y también de cómo este premio es consecuente con la filosofía de este concurso, tan volcado con sus participantes: “Respecto a ese premio tan original nuestro que venimos concediendo en las cuatro últimas ediciones, un retrato del ganador/a al óleo, somos el único certamen que ofrece un galardón así. No abundan los retratistas dispuestos a tomarse una responsabilidad de tal magnitud, pues además hasta el momento Alejandro Cabeza, dejándose la piel en ello, ha conseguido que los respectivos cuadros se pudiesen considerar lo suficientemente avanzados como para ser presentados ante el público durante la entrega de premios. Sólo profesionales con muchos recursos y años de experiencia a las espaldas ‒él lleva más de treinta pintando‒ se enfrentarían a un reto de esta naturaleza sin temor, ya que es limitado el tiempo del que se dispone desde que nuestro jurado llega a un fallo hasta que éste se hace público. Nosotros nos sentimos enormemente afortunados de contar con su inestimable colaboración. Como el verano pasado recalcase el artículo que le dedicaba el diario El País en contraportada, Alejandro Cabeza se ha empeñado en rescatar, desde el punto de vista iconográfico, figuras notorias sobre todo del ámbito literario, ampliando también posteriormente esa labor de meticulosa investigación a profesionales de las ciencias y otros ámbitos del saber cuya aportación se ha revelado meritoria y cuyo proceder humano les ha hecho dignos de ser recordados. En diversas entrevistas, Alejandro Cabeza se ha mostrado comprometido con la promoción de las artes en todas sus facetas. Como nosotros, entiende que el talento artístico necesita un mayor reconocimiento social. Por eso decidió incentivar también a los autores del presente a través de su colaboración con nosotros, aunque durante años ha llevado a cabo una intensa tarea pictórica alrededor de figuras literarias consagradas y en su mayoría ya desaparecidas. Esa bien conocida colección se viene engrosando desde 2003, y muchos de los cuadros que la integran forman parte de los fondos de importantes pinacotecas, otros museos nacionales y extranjeros y algunos organismos públicos. Sólo por citar algunos ejemplos, podemos mencionar el Museo Nacional del Teatro, tantas Casas Museo de reputados escritores ‒tales como el Museo Casa Natal de Cervantes, la Casa Museo Zorrilla de Valladolid o la Casa-Molino Ángel Ganivet de Granada‒, prestigiosas Universidades e instituciones tan emblemáticas para nuestra lengua como la Real Academia Española o la Academia de Buenas Letras de Granada. En el fondo, qué mejor modo de homenajear a los retratados que poner su imagen a disposición del espectador. Esa extensa serie de retratos constituye la aportación de Alejandro Cabeza a la promoción de la cultura entre la ciudadanía. Sus retratos, siempre tan humanos, cargados de una especial perspicacia a la hora de captar los rasgos y gestos más característicos de cada individuo, sin duda contribuyen a convertir los grandes iconos de las letras en figuras más cercanas al público, generando empatía hacia el retratado, favoreciendo la comprensión de sus circunstancias e incluso aumentando el interés hacia su obra. Como él mismo sostiene en alguna entrevista, resulta inquietante o desalentador que ‒cuando antes la simbiosis entre literatura y pintura solía ser fructífera, pues además florecía la amistad entre ambos gremios‒ de un determinado momento en adelante, por lo general, la pintura, o la pintura de verdadero nivel, no se haya preocupado demasiado por retratar a los grandes escritores. Por eso Alejandro Cabeza se ha propuesto subsanar esa circunstancia. A menudo ha manifestado que su objetivo es mostrar su admiración y gratitud hacia los escritores, porque los considera esencialmente seres generosos, que procuran construir sociedades mejores con su trabajo. Además es consciente de que el reconocimiento se revela generalmente efímero, y él, por un sentido de la más básica justicia, quiere contribuir a que la memoria de personas que tanto ofrecieron a sus semejantes no se pierda tan fácilmente en el olvido. Naturalmente conservamos fotos de algunos de esos personajes que nos permiten recordar su aspecto, pero esto tiene poco que ver con lo que ofrece la obra pictórica. Sucede que un cuadro es siempre una interpretación más humana que la foto. Implica, además, una firme voluntad: una codificación por parte del pintor, que a su vez exige una profunda reflexión sobre el ser humano y el profesional que se está pintando, y una decodificación posterior por parte del público. Contemplar cuadros es una actividad exigente que conlleva un esfuerzo, un esfuerzo que se vierte por una parte en los aspectos técnicos, pero que también redunda en un empeño por comprender mejor al retratado, que frecuentemente se revela a través de la expresión facial y el lenguaje corporal. Para realizar un buen retrato de un individuo hay que haberlo analizado antes muy en profundidad. Y por ese motivo contemplar un gran retrato puede ayudarnos a intuir mejor al ser humano, o cuanto menos a sentirnos más cerca de él. Es obvio que, además del talento, Alejandro Cabeza intenta recompensar la filantropía, pues llaman su atención las personas que han ofrecido importantes contribuciones a la humanidad. Por eso, en los últimos años, su galería de rostros famosos ha pasado a albergar, además de escritores e investigadores en el campo literario y filológico, ilustres representantes de otros ámbitos del saber. Como la de un artista, la vida de científicos e investigadores, por ejemplo, exige mucho sacrificio y, sin embargo, rara vez el ciudadano medio es capaz de ponerle rostro a este tipo de profesionales, a quien a menudo tanto debe. Su actividad, aun siendo esencial, en cierto modo se desarrolla en una sombra de la que Alejandro Cabeza intenta ahora rescatarles. Muchos de sus retratos de investigadores y científicos forman parte ya de las colecciones permanentes de museos nacionales –como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el de Arte Romano de Mérida, el de Altamira, el Museo Geominero de Madrid…–, de otros museos provinciales y regionales, así como de algunas Reales Academias –la de Historia y la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales entre otras–. Alejandro Cabeza ha demostrado con los hechos, y no sólo con las palabras, su compromiso con la incentivación del talento y la fraternidad. Por eso, porque creemos que sus convicciones, principios y objetivos coinciden en buena medida con los nuestros, estamos tan orgullosos de contar con su colaboración. Además son tres los retratos de Ángel Ganivet que, dentro de su galería de autores consagrados, Cabeza ha pintado. Uno de ellos ha pasado a enriquecer los fondos de la Casa-Molino Ángel Ganivet de Granada y otro está en Helsinki, una ciudad cuya Universidad también tiene el privilegio de integrar en la colección de su museo otra obra suya. El esfuerzo vertido por este pintor sobre Ganivet resulta meritorio, pues es muy poco el material fotográfico válido del escritor a disposición. Aprovecho para aclarar, porque muchos siguen cometiendo el error de tomarla por original, que una foto muchas veces reproducida en Internet y citada como suya, es en realidad de alguien que en la actualidad, como fórmula de homenaje, se disfrazó con una barba postiza y posó sentado con un libro en la mano. Creemos que, para nuestros participantes, el ser retratados por Alejandro Cabeza supone una oportunidad única. No tiene nada que ver con alimentar el narcisismo: el agudo ojo del retratista, habituado siempre a un intenso estudio previo del personaje, nos coloca ante un espejo al que no estamos acostumbrados, y eso a menudo nos descubre facetas desconocidas de nosotros mismos. Además, este original galardón les permite integrarse en esa magnífica galería constituida en buena medida por grandes rostros de la literatura. Una comunidad de la que, como nosotros confiamos plenamente en su talento, estamos seguros ellos mismos pasarán a formar parte un día. Por otro lado, nos apetecía mucho poner de manifiesto, mediante un premio tan singular, la solidaridad entre las artes y los artistas. Porque aunque cada disciplina emplea técnicas y lenguajes distintos, a menudo compartimos inquietudes respecto al mundo que nos rodea y sentimos una fuerte responsabilidad social.”

En definitiva, a través de las palabras de Salomé Guadalupe Ingelmo descubrimos que el Concurso Literario Ángel Ganivet no es un concurso más, es un evento para rendir homenaje a un hombre, para recordar un vínculo cultural del pasado e impulsar la unión a través del arte en el presente, y para unir y apoyar a artistas. Así lo destaca al final de nuestra conversación: “Queremos, en definitiva, alentar a los creadores: hacerles saber que aunque el nuestro es un mundo difícil para ellos, no están solos y hay quienes les comprenden y comparten su camino. Una vez más, este certamen desearía agradecer a los participantes su fidelidad. Ellos son, ganadores y finalistas o no, nuestros verdaderos protagonistas.”

Agradecemos a Salomé el tiempo que nos ha dedicado. Ha sido un placer y un privilegio poder conocer más de cerca este premio tan especial. Los lectores que quieran saber más pueden hacerlo a través de la web del concurso: https://angel-ganivet.blogspot.com/

Cesare Alcayna

Todas las imágenes que ilustran este artículo han sido prestadas por cortesía del Concurso Literario Ángel Ganivet.

 

 

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