“La playa”, de Cesare Pavese, en Altamarea Ediciones

Se suele decir que cada generación necesita su propia traducción de las obras clásicas. En relación con “La playa”, de Cesare Pavese – una novela que ya hemos reivindicado en esta revista – parece que las generaciones actuales podemos estar satisfechas con el extraordinario trabajo de Altamarea Ediciones, que hace menos de un año nos brindó una maravillosa edición de esta obra clásica del siglo XX.

En efecto, la excelente traducción de Melina Márquez consigue hacer que el lector capte cada uno de los matices de la novela y se sumerja en ese ambiente de languidez, horas perdidas, sol intenso, ruido de olas y noches de grillos que acompaña a toda la narración. Con la calidad de su trabajo, esta traductora nos ha regalado una nueva versión en español de “La playa”, al nivel de las grandes traducciones que se han hecho de Pavese, como las de Esther Benítez, que siguen siendo fundamentales e inolvidables.

Además de esta excelente traducción, Altamarea Ediciones nos presenta un prólogo del escritor Luisgé Martín de mucho interés. En él se nos dice que la obra de Pavese nos despierta afecto, lo cual es un sentimiento mucho más perdurable que la admiración; se nos recuerda que en Pavese hay una obsesión por volver a la pureza de lo que una vez se tuvo; que es un autor de silencios en el que “los espacios opacos de la novela, los paisajes fuera de cuadro o desenfocados, tienen en realidad más importancia que lo que se nos muestra”; que los personajes de Pavese siempre tienen una “juventud detenida”. Sin duda, apreciaciones muy acertadas que demuestran la sensibilidad de Luisgé Martín y su profunda lectura de la obra de Pavese.

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Es necesario destacar también el diseño del libro. La portada, con la sombrilla blanca punteada de negro, como pixelada, si bien parece ser la línea del diseño de esta editorial, acierta a sugerir la época en la que se escribió la novela, al igual que la fotografía de Sara Maroto con la que se cierra el libro. El detalle en la solapa de la imagen de Pavese fumando junto a su propia firma es excelente porque te invita, tras leer el libro, a que veas al rostro del autor, a que ves su rúbrica, reafirmando que él estuvo detrás de todo lo que aún flota en la memoria, de todas las imágenes y palabras que aún resuenan en nuestra mente; sin duda un bonito homenaje para cualquier autor.

Hay algo muy bello también en la solapa donde se expone la vida de Pavese: la interrupción del texto por parte de la sombrilla. Es una composición que, sencillamente, funciona.

Según indica el libro, el diseño de la portada es de Annie Spratt y el de la colección es de Ricardo Juárez. No nos queremos olvidar del corrector, Guillermo Pérez, que también merece su reconocimiento. A todos ellos, al igual que a la traductora y al escritor del prólogo, los felicitamos desde esta revista.

No entro en el contenido de la novela, ya tratado en el artículo al que se ha hecho referencia, porque lo que importa aquí es celebrar esta edición de “La playa” y felicitar a Altamarea Ediciones y a todo su equipo por su gran trabajo. Esta reciente editorial comenzó su andadura en 2018 y les deseamos todo lo mejor. El descubrimiento de esta nueva edición de “La playa” ha sido una enorme alegría.

Cesare Pría

 

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