La estrella fugaz de Takarai Kikaku, maestro del Haiku

La editorial asturiana Satori Ediciones, especializada en la cultura japonesa, es todo un privilegio para los que utilizamos el español. A través de sus cuidadas ediciones, de portadas coloridas y de diseño ágil y moderno, y con unos libros muy agradables al tacto, podemos aproximarnos a una lengua todavía tan lejana como el japonés y a toda la riqueza que sus manifestaciones culturales puede aportarnos.

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Dentro de la colección de esta editorial denominada Maestros del Haiku, se publicó en noviembre de 2018 el volumen Una estrella fugaz dedicado a Takarai Kikaku (1661-1707). Discípulo de Basho, el gran maestro del haiku, fue uno de sus seguidores más cercanos. Fundó la escuela de haiku Edo-za (Edo, lugar de nacimiento de Kikaku, es el nombre que antiguamente recibía Tokio) y se decantó por una poesía urbana a la que no pocas veces acompañó de aspectos humorísticos. Fue conocido como  “aprendiz reprendido”, por las muchas veces que le corrigió su maestro.

La selección de haikus, la traducción y las notas de esta edición son obra del prestigioso Fernando Rodríguez Izquierdo y Gavala (Sevilla, 1937), uno de los más importantes traductores de literatura japonesa al español a quien, entre otros muchos galardones, el Gobierno de Japón le otorgó la Orden del Sol Naciente por su labor en la difusión de la cultural japonesa.

Nos encontramos ante una edición bilingüe, en el que cada haiku aparece en japonés, tanto con los caracteres propios de ese idioma como con su transcripción a nuestro alfabeto, así como traducido al español acompañado de una breve nota de Rodríguez Izquierdo y Gavala que ayuda a comprender su sentido. Son notas muy breves pero muy útiles, muy oportunas tanto para el lector profano como para el especializado, que hacen que se disfrute con más claridad de cada una de las obras de arte de Kikaku.

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La lectura de estos haikus es una oportunidad para captar las sensaciones que este autor japonés trató de recoger hace más de tres siglos. Lo maravilloso es que pese a la diferencia cultural y a la distancia temporal, es posible sentir muchas cosas con este libro. Maravillosa, por ejemplo, es la siguiente imagen:

Nocturna danza

sagrada. Y ese aliento

blanco desde las máscaras.

Kikaku practica un arte en el que se mezclan aspectos que en un principio no parecen especialmente poéticos, como el haiku que nos habla de orinar en la nieve, como otros de escenas curiosas como el haiku del mono y el melón, y otras que son como una auténtica fotografía muy vívida del siglo que le tocó vivir al autor:

Plantadoras de arroz:

les gotean sus sombreros

sobre la sopa.

También impresiona disfrutar de imágenes que resultan muy actuales; haikus que podrían haberse escrito hoy mismo:

La hoja del taro:

va envolviendo esa vida

del agua clara

Sobrecoge pensar en esta colección de momentos, acercarse a ese instante de la realidad de hace tanto tiempo que alumbró el ingenio de Kikaku para construir todas estas visiones tan bellas. Esa es la magia del haiku, cómo caen sobre nosotros para envolvernos con esa luz que acaricia algún punto recóndito de nuestro ser y que nos hace sentir la vida.

El universo está repleto de estrellas fugaces, pero algunas, como las de Kikaku, están destinadas a permanecer entre nosotros y a no dejar de sorprendernos.

Atrévanse a contemplarlas. No se arrepentirán.

Este libro es un acontecimiento.

Cesare Pría

Fuente de la imagen destacada aquí. Fuente de la imagen del bosque de bambú, aquí

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