Como explica Isabel Hernández, la traductora de esta pequeña joya de Nordica Libros, entre sus cometidos como Ministro del Gran Ducado de Weimar, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) se encargó de la inspección de los observatorios meteorológicos de todo Weimar y de la ampliación de su red mediante la Orden 1820/21. Asimismo, el Gran Duque Carlos Augusto encargó al gran escritor alemán la redacción de las instrucciones sobre cómo utilizar estos observatorios, todo ello dentro de su política destinada a convertir su ducado en un gran centro científico.
Goethe conoció la obra del británico Luke Howard, quien en 1802 publicó On The Modifications of Clouds, estableciendo una de las primeras clasificaciones de los distintos tipos de nubes, y el propio autor alemán llegó a escribir estudios sobre meteorología en distintos momentos de su vida.

El juego de las nubes recoge está pasión de Goethe por el estudio de las nubes. La primera parte del libro se divide según la clasificación de las nubes y las distintas fases del día: “Estrato/La mañana”, “Cúmulo/El mediodía”, “Cirro/La tarde” y “Nimbo/La noche”. En cada uno de estos capítulos se recogen distintas anotaciones de Goethe fruto de sus observaciones. Así, el sábado 28 de mayo de 1820 escribió:
«Por el Noroeste se va aclarando cada vez más; poco a poco, en ese mismo punto, se va despejando el cielo y sale el sol. Unas pocas nubecitas, empujadas por el viento del Oeste, recorren suavemente su trayectoria. Cirros en la capa superior, la de un aire más azul»
Además, cada capítulo comienza con una descripción en forma de poema del tipo de nube correspondiente.
La segunda parte del libro incluye el ensayo de meteorología que el propio Goethe redactó.
Sin duda alguna, este libro es singular y muy hermoso. Nos permite compartir uno de los intereses científicos de la vida de uno de los autores más importantes de la historia de la literatura. Por otro lado, la lectura continuada de las distintas descripciones de las nubes produce un efecto muy interesante en el lector, que puede llegar a apreciar la poesía del instante, de ese instante que Goethe vivió, de ese momento que tuvo su lugar en la pequeña historia del mundo. El autor alemán comparte con nosotros la imagen de ese momento preciso que aconteció en su propia realidad cotidiana, de ese momento en el que, por unos segundos, vio ese cielo como trasfondo natural de uno de esos días en los que, por ejemplo, sabemos que estaba escribiendo Los años itinerantes de Wilhelm Meister. Quizá escribió algunas de las líneas que leemos hoy bajo aquellas mismas nubes.
Cabe destacar también las ilustraciones de Fernando Vicente que embellecen el volumen con un tono romántico muy apropiado y un trazo preciso de los distintos tipos de nubes que acompaña muy bien la lectura.
Como ya he dicho, un libro singular. Una pequeña joya, no solo por su contenido, sino también por la belleza de la edición de Nordica Libros. Aunque sea tan solo como curiosidad o para acercarse a Goethe de otro modo, merece la pena.
Cesare Pría
Fotografía destacada: «klickblick»